Jaime era un amigo de mi hermano de la universidad que desde hace años me tenía loquita. Estaba cachas sin ser un musculitos, más bien proporcionado y atlético pero sobre con una cara de guapo de película y una sonrisa traviesa que me derretía sin remedio. En fin, estaba más bueno que las patatas fritas pero claro, tenía 20 años y ni se fijaba en las crías de bachillerato como yo.

Aquella tarde mi hermano preparaba una fiesta con sus amigos en nuestra casa. Una fiesta con sus colegas del equipo de fútbol y unas pocas amigas, la novia de mi hermano entre ellas. Mis padres no iban a estar y era la oportunidad perfecta para cazar a Jaime. Eso siempre que no se pusiera alguna zorra de la universidad de por medio. Pero ya me ocuparía yo de que no sucediera.

A medida que fueron llegando los amigos de mi hermano me di cuenta que no tenía de qué preocuparme. Sólo había tres chicas y eran todas novias de alguno de los chicos de la fiesta. Entre ellas estaba la novia de mi hermano que me cae fatal con sus aires de sofisticada. Así que me escondí en mi habitación por un rato. Al fin y al cabo tampoco iba a ser una fiesta tan animada.

Bajé cuando oí que llegaban las pizzas y probé de sentarme junto a Jaime en el sofá. Estaba sentado con otros cuatro delante de la tele viendo un partido de fútbol. Las chicas no estaban por ningún lado y mi hermano y su novia tampoco.

Me senté a comer con los chicos. Llevaba la mini más descarada que tengo. Normalmente me la pongo con medias oscuras de manera que aunque enseñe no se vea nada pero esa noche me la puse sin ellas. Encima llevaba una camiseta que está cortada de manera que deja un hombro al aire. Cruce las piernas como distraída de manera que Jaime pudiera verme las bragas. Eso dicen que pone calientes a los tíos. Jaime se fijó un poco pero luego siguió mirando la televisión. Al final un poco desilusionada me acabé el trozo de pizza me quedé sin saber que hacer. Los chicos sólo tenían ojos para el partido, comentaban las jugadas y me parecía que no estaban para otra cosa así que me levanté y me fui para el piso de arriba donde están las habitaciones. Estaba intrigada. Suponía que mi hermano estaría en su habitación con su novia pero ¿y las otras dos chicas?, ¿estarían en alguna parte enrollándose con sus novios?. Para empezar me dirigí a la habitación de mi hermano. Sin embargo, al pasar cerca de la mis padres oí algo y me paré intrigada. Se oían ruidos dentro.  Podía ser mi hermano o podía ser cualquiera de las otras parejas. Acerqué el oído a la puerta y efectivamente se oía el gemido rítmico de la cama y como suspiros o grititos. ¿Y si habría la puerta para espiar? Si era mi hermano la cosa podía volverse muy desagradable pero si era alguna de las otras parejas podía pillarlos in fraganti y después hacerme la tonta y disimular.

En esto estaba cuando de pronto oigo una voz detrás de mí que dice – “¿espiando?” – me giro del susto y me encuentro delante a Jaime, que me miraba divertido con su encantadora sonrisa traviesa. “No – dije – he oído ruidos y no sabía que pensar”. A esto Jaime se acercó más, me agarró el brazo y acercando su boca a mi oreja me susurró al oído  “yo creo que sí sabes que pensar: alguien está haciendo el amor en esta habitación”.  Solté la risita tonta y le dije que si, que seguro que era eso.

“¿Y cuál es tu habitación?” me preguntó mirándome fijamente a los ojos. Esa mirada y esa pregunta me causaron una reacción instantánea entre las piernas que me hizo ruborizar. Un poco cortada le señalé con la cabeza la puerta de mi habitación, al fondo del pasillo. “Vamos” me dijo y dándome la mano tiro de mi para que lo siguiera.

Por suerte había ordenado la habitación. Entró y paseó su mirada por todas mis cosas. “Una habitación muy bonita” me dijo. Me soltó de la mano y empezó a mirar los posters y fotografías que tengo por la habitación, rodeó la cama y se acercó a la mesa donde estudio y donde tengo el ordenador. Yo ajusté la puerta porque me daba vergüenza que se nos viera desde fuera. No me atreví a cerrarla porque pensé que quizás Jaime pensaría no se qué. Me acerqué a su lado hecha un flan. 

“¿Aquí estudias?” me dijo, yo creo que por decir algo. Yo lo miraba callada. No podía creerme que lo tenía en mi propia habitación. El por supuesto notó algo, me puso la mano en la cintura y acercándome a su cuerpo bajó su cara lentamente para besarme. Cerré los ojos y cuando noté sus labios abrí los míos ligeramente invitando. Enseguida entró la lengua y empezó a besarme y a  acariciarme la espalda dulcemente. En un momento en que paramos me sonrió y me acercó a la cama, se sentó en el borde y me sentó en sus rodillas.

Yo lo abracé y lo besé con pasión. Era el sueño de muchos años y no se me iba a escapar. Noté una mano suya en mi rodilla y abrí un poco las piernas instintivamente. Ya estaba empapada de excitación. Me daba vergüenza imaginar qué pensaría cuando viera en que estado me encontraba.

Desde la rodilla empezó a subir su mano por dentro de mi pierna hasta que noté su dedo entre mis piernas presionando la braga. Fue como una descarga eléctrica. No es que fuera la primera vez que me tocaban, ¡pero es que era Jaime! Con suavidad me deslizó hacia la cama y me estiró en ella. Su mano seguía acariciándome la rajita por encima de las bragas mientras la otra la metió por debajo del jersey subiéndome por la barriga hasta reposar encima de mis pechos, que Jaime acarició a través del suje. Instintivamente apreté las piernas en torno a su mano sintiendo sus dedos apretarse contra mi sexo. Con el dedo apartó la braguita y pasó la punta por entre los labios de mi raja.

Iba a tener un orgasmo en cualquier momento y eso que acabábamos de empezar. Siguió jugando con mis senos por encima del sujetador, besándome tiernamente los labios y hurgando abajo con su dedo. Pienso que notó que yo estaba muy lubricada porque poco a poco entró el dedo en mi vulva.

Solté un gritito y me arqueé un poco al notarlo. El pasó la mano por mi espalda y me desabrochó el sostén liberando mis senos. Mientras su dedo entraba y salía de mi sexo cada vez más mojado su boca se cerró entorno a un pezón y succionó como un niño. La sensación fue bárbara. Mis manos que hasta el momento se paseaban por su pecho bajaron desesperadas a buscar el bulto de su pantalón.

De pronto se incorporó y empezó a desnudarse rápidamente. Yo me lo quedé mirando desde la cama. Mientras se desnudaba no apartaba la vista de mi cuerpo. Yo, con la camisa desabrochada, los pechos al aire, las bragas arremangadas a un lado y las piernas abiertas me sentía la mujer más sexy de la tierra.

Se me acercó otra vez con el pene duro y encabritado. “Me vuelves loco” me dijo. “No se si voy a aguantar mucho”. M3e agarró una pierna con cada mano y apoyó mis pies en sus hombros. Me sentía completamente abierta para él. Con dos dedos separó los labios y enseguida noté como su pene encontraba la entrada de mi vulva y se deslizaba hacia adentro sin problemas. Empezó a bombear con furia y cerré los ojos al notar como el orgasmo iba creciendo en mi interior.

Al cabo de poco noté que aceleraba y después el calor de su semen en mi vientre. A mi aún me faltaba un poco para llegar. ¡Jaime me iba a dejar con las ganas!. Abrí los ojos un poco desilusionada. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me descubrí rodeada del resto de compañeros de Jaime. Habían entrado en la habitación sin hacer ruido y estaban mirándonos como lo hacíamos. Algunos se habían sacado el pene y se lo acariciaban con la mano mientras miraban.

Me dio un morbazo increíble verme rodeada de esa manera. “Ahora me toca a mi” oí que uno de ellos decía y Jaime se apartó para dejar paso a otro pene que tomó su lugar en mi vagina. Me removí para quejarme. “No, eso no” dije intentando apartarlo pero ya había agarrado mis piernas y su pene se adentraba en mi vulva, lubricada por el semen de Jaime. No podía dejarme hacer aquello. ¿Qué pensarían de mí? Sin embrago la sensación fue brutal. El pene que se adentraba en mi coño era inmenso. Yo estaba muy apunto y esa tranca descomunal era justo lo que me faltaba. Sin poder hacer nada me corrí. Noté que otro empezaba a acariciarme los pechos y aquel tipo  seguía bombeando. Un tercero me besó metiendo su lengua con sabor a cerveza en mi boca. Jaime me miraba desde un rincón con los ojos brillantes. Quería resistirme. Si Jaime me consideraba una puta lo perdería para siempre. Sin embargo aquellos ojos brillantes me decían otra cosa. Me decían que a Jaime le gustaba. Mirando fijamente a Jaime me relajé y me dejé llevar.

El chico que me estaba penetrando se corrió y otro ocupó su lugar. Otros me seguían tocando por todo el cuerpo o me besaban. Yo miraba todo el rato a Jaime y el me devolvía la mirada sin decir nada. Me sentía cada vez más excitada y sabía que a él le pasaba lo mismo. Me corrí otra vez pero seguí mirando a Jaime y dejando que me tocaran y me lamieran. El pene del chico de turno se deslizaba sin problemas en mi vulva completamente lubricada por las corridas de los anteriores.

Cuando por fin se corrió, Jaime se acercó desde su rincón, le puso la mano en el hombro y lo apartó. Eso fue como una señal para que todos se retiraran. Yo me quedé mirando a Jaime, con las piernas abiertas y chorreando semen. El la tenía durísima y me miraba con ojos desorbitados por la excitación. Jaime se acercó, me agarró una mano y me hizo incorporar hasta que quedé sentada en el borde de la cama Se le veía indeciso.
 

De pronto me di cuenta de lo que había hecho aquella noche. ¡Me había portado como una fulana delante del hombre de mi vida! Aún notaba como el semen que llenaba se deslizaba por los labios de mi vulva cayendo a la cama o recorriendo mis piernas hasta el suelo.

La vergüenza me hizo sonrojarme de pies a cabeza, miré a un lado y a otro nerviosa mientras empezaba a jadear cada vez más fuerte hiperventilando sin darme cuenta. Hice ademán de incorporarme para salir corriendo pero Jaime me agarró por los hombros y tiró de mi hacia sí apoyando mi cabeza en su pecho con fuerza. “Shhhh, ¿donde vas?, tranquila, no pasa nada…”. Levanté los ojos para mirarlo extrañada y me dijo “no pasa nada, sólo que me gusta compartir mis cosas con mis amigos”.

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